7° Domingo después de Pentecostés 2020

Falsos Profetas

(Domingo 19 de julio de 2020) P. Pío Vázquez.

(Introducción)

Queridos fieles:

El día de hoy, Domingo Séptimo después de Pentecostés, quiere la Santa Madre Iglesia que estemos en guardia contra los falsos profetas, razón por la cual nos refiere unas palabras de Dios Nuestro Señor Jesucristo respecto a ello: “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros vestidos con piel de oveja, mas por dentro son lobos rapaces”.

Por tanto, el pasaje del Evangelio de hoy es de gran interés para nosotros, pues el tema de los falsos profetas es muy importante y de gran actualidad. En efecto, como veremos, hoy día hay falsos profetas por doquier, lo cual significa o implica un peligro constante para nosotros, pues de ser engañados y seducidos por tales personajes, quedaría gravemente comprometida nuestra salvación.

Veremos, pues, primeramente, qué es un falso profeta. Luego temas de actualidad al respecto. Y, finalmente, diremos cómo hacer para no ser engañados.

(Cuerpo 1: Quién es Falso Profeta)

Comencemos, por tanto, preguntándonos qué o quién es un falso profeta. Para responder lo cual, citaremos la primera Epístola de San Juan Apóstol; en el capítulo II, versículo 22, nos dice: “¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo que niega al Padre y al Hijo”. Es de notar que no solamente se niega a Cristo por no creer en Él en absoluto —judíos, musulmanes, apóstatas, incrédulos, etc.—, sino también por forjarse un falso concepto de Él o de su doctrina —todas las sectas protestantes, ortodoxos rusos, modernistas, etc.—. Por tanto, quienes no aceptan toda la verdad católica que Cristo ha transmitido a través de la Iglesia Católica, aunque digan creer en Él, en realidad lo niegan y son — dice San Juan— anticristos; y si son anticristos, con mayor razón serán o podrán ser llamados falsos profetas.

Por todo lo cual podemos concluir que falso profeta es todo aquél que no predica la doctrina católica —esto es, la verdad—, o peor, que predica contra ella, o que la adultera o falsifica, acomodándola a sus caprichos y gustos (o de sus oyentes). Por lo cual llegamos a la conclusión de que el principal criterio para conocer si estamos ante un falso profeta es la doctrina.

Sin embargo, el peligro de ser engañados por ellos estriba en la apariencia de piedad que presentan, “vestidos con piel de oveja”. En efecto, los falsos profetas modernos se visten de la piel de oveja del humanismo, de la filantropía, de la defensa de los derechos y de la “dignidad” humana, se llenan la boca de ayudar a los pobres, de combatir las desigualdades sociales e injusticias que hay, etc., etc., para así apresar más fácilmente a los incautos en sus doctrinas falsas.

Y para que podamos apreciar cuán terrible pecado es y cuánto abomina Dios a los falsos profetas, veamos un par de textos de la Sagrada Escritura que lo declaran a las claras. El primero de ellos es la Epístola del  Apóstol San Judas.  allí, refiriéndose a los falsos profetas, dice: “Ellos son las manchas en vuestros ágapes, cuando se juntan a banquetear sin pudor, apacentándose a sí mismos [pues son mercenarios, buscan su propio provecho]; nubes sin agua [es decir, carentes de sustancia interior], arrastradas al capricho de los vientos [del decir de las gentes y tiempos]; árboles otoñales sin fruto, dos veces muertos, desarraigados; olas furiosas del mar, que arrojan la espuma de sus propias ignominias; astros errantes, a los cuales está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre [esto es, la condenación eterna]”1.

El otro es la segunda Epístola del   Apóstol San Pedro. Allí el primer Papa de la historia nos dice de los falsos profetas: “Ellos, como las bestias irracionales —naturalmente nacidas para ser capturadas y destruidas— blasfemando de lo que no entienden, perecerán también como aquellas… Buscan la felicidad en la voluptuosidad del momento; sucios e inmundos, se deleitan en sus engaños… Estos tales son fuentes sin agua, nubes impelidas por un huracán. A ellos está reservada la lobreguez de las tinieblas”2. Como podemos apreciar palabras o expresiones bastantes fuertes dichas por estos dos grandes santos Apóstoles contra los adulteradores de la divina palabra. En realidad, la Sagrada Escritura está llena de condenas contra los falsos profetas.

(Cuerpo 2: Falsos Profetas hoy)

Mas, apliquemos ahora lo visto a los tiempos actuales que nos han tocado vivir. Lo primero que brinca a la vista es que vivimos rodeados y circundados de falsos profetas prácticamente por doquier:

1) Primeramente, tenemos la falsa Iglesia moderna surgida a partir del Concilio Vaticano II, en el cual y por el cual, se efectuó la falsificación o adulteración de nuestra Santa Religión Católica. La fe que predica la Iglesia moderna o Conciliar no es ya la verdadera Fe católica, sino una fe adulterada, acomodada al mundo liberal de hoy; en definitiva, una fe modernista. No olvidemos que la libertad religiosa y el ecumenismo predicados por la Iglesia moderna, fueron condenados repetidas veces antes por la Iglesia Católica: la libertad religiosa por Pío IX, en su Syllabus, y el ecumenismo, por Pío XI, en su encíclica Mortalium ánimos. Y así, la Iglesia Conciliar tomada en su conjunto o colectivamente, con Francisco a la cabeza, es un enorme falso profeta, pues predica una fe adulterada, como recién decíamos.

2) En segundo lugar, podemos colocar todas las sectas protestantes, anglicanos, ortodoxos rusos, etc., todos aquellos que se dicen “cristianos” y pretenden predicar a Cristo y ser sus heraldos, pero no son sino falsos profetas, pues al rechazar a la Iglesia Católica, que es la única transmisora de la verdadera doctrina de Cristo, no pueden sino fabricarse un falso Cristo a su gusto, hecho según sus caprichos u opiniones propias, acomodado a sus conveniencias o a los tiempos. De lo cual se sigue que, en realidad, no creen en Cristo y no son, por tanto, sus heraldos.

1 Vv. 12-13.

2 Cap. 2, vv. 12-13 y 17.

3) En general, son también falsos profetas todos los propugnadores del resto de las falsas religiones (judaísmo, islam, budismo, etc., etc.), por predicar, como es evidente, doctrinas contrarias a la Verdad única, esto es, a Cristo.

4) Asimismo, podemos —y debemos— clasificar de falsos profetas a todos los que, de una u otra manera, predican, propagan o hacen campaña, tanto al liberalismo como al comunismo (en cualquiera de sus variantes), pues uno y otro son esencialmente contrarios a la doctrina católica, al Evangelio de Dios Nuestro Señor Jesucristo. Aquí entran multitud de políticos, periodistas, maestros o profesores —¡qué responsabilidad!—, etc., etc. La lista sería interminable.

Queremos, ahora, hacer alusión a un hecho de bastante actualidad que está relacionado con lo que estamos diciendo: nos referimos a Viganò, a sus últimas actuaciones (carta a Trump, etc.). Lo hacemos sin ánimo amargo, sino simplemente para evitar que sean, queridos fieles, engañados en estos tiempos de magna confusión.

Respecto a este tema de Viganò, hay quienes lo han alabado y mostrado como si fuera el paladín actual de la Fe (!)͙ Entre tales personas se encuentran o hallan antiguos hijos de Mons. Lefebvre… Esto no deja de ser desconcertante, pues es una vergüenza que tales personas forjen en los pocos fieles que van quedando una falsa esperanza, colocándola donde no debe ser puesta: Viganò no es el actual paladín ni defensor de la Fe, ni mucho menos. Hablamos objetivamente. Quiera Dios que esté comenzando a ver las cosas y que las pueda ver en su totalidad y así convertirse realmente, abandonando la Iglesia Conciliar y condenándola como merece; pero para ello todavía le falta un largo tramo, pues la cuestión no es tan sencilla; no basta decir una o dos cosas contra el Concilio Vaticano II o contra Francisco.

En efecto, hay una serie de problemas.

1) Primeramente, Viganò fue consagrado obispo en 1992, es decir, con el rito nuevo. Y el rito nuevo que crearon a raíz de Vaticano II es, por lo menos, dudoso, si no que inválido, que es lo más probable. Esto quiere decir que Viganò es con mucho obispo dudoso, y lo más seguro es que no sea ni obispo.

2) En segundo lugar, la carta abierta que Viganò escribió al Presidente de los Estados Unidos, a Trump, hace poco más de un mes, tiene un muy serio problema: está llena e impregnada de naturalismo, que es algo esencial al modernismo. Nos explicamos. Allí, en su carta, Viganò presenta a Trump —en realidad, se lo dice— como que él forma parte del bando de los buenos, “de los hijos de la luz”, siendo así que Trump ni católico es͙ es —si no me engaño— un presbiteriano, es decir, un hereje. Ahora bien, para pertenecer a los “hijos de la luz” es indispensable pertenecer a la Iglesia Católica, única verdadera. Por lo cual, si vamos al caso, Viganò, en realidad, le hizo un grave daño a Trump, pues en lugar de decirle o siquiera insinuarle la conversión al catolicismo, lo confirmó implícitamente en su falsa religión, pues si ya forma parte de los hijos de las luz y lucha del lado de los buenos, ¿a qué convertirse a la Religión Católica? Evidentemente no pensará en la conversión.

Además, en dicha carta, Viganò alaba a Trump, entre otras cosas, por “defender con valentía… el derecho de los ciudadanos a la libertad de culto (!)”. Libertad de culto es lo mismo que decir libertad religiosa, la cual, como ya dijimos, está condenada por la Iglesia. La libertad religiosa es un error típicamente modernista.

Dejemos allí; se podría decir —creemos— mucho más, pero basta lo dicho para entender el punto al que vamos: que Viganò no es el paladín de la Fe en estos tiempos, no debemos poner esperanzas en él. Reiteramos que hablamos objetivamente. Como decíamos, quiera Dios que él verdaderamente vea bien la gravedad y profundidad de la Crisis de la Iglesia y que pueda obrar realmente en consecuencia, pero todavía le queda un
largo camino, como habíamos dicho. Recemos, en todo caso, por él para que, si es verdaderamente de buena voluntad, Dios le dé plena luz en todos estos temas.

Pero, estemos alertas, queridos fieles, no nos dejemos engañar. La esperanza no hemos de ponerla en Viganò y, con mayor razón, mucho menos en Trump, que no es católico y es liberal —el liberalismo es contra Cristo, como decíamos—. Seamos prudentes y no nos forjemos falsas esperanzas en Trump porque en teoría se oponga a Soros y ciertas cosas del Gobierno Mundial. Es lo mismo que Viganò, no basta decir o hacer una que otra cosa, es un todo. Por tanto, cuidado. No olvidemos que nuestra esperanza debe estar puesta en solo Dios Nuestro Señor Jesucristo; Él es nuestra esperanza, sólo Él puede arreglar los problemas que nos aquejan hoy, que ya están más allá de cualquier solución humana.

(Conclusión)

Concluimos, un poco abruptamente, queridos fieles. No debe espantarnos ver tanto falso profeta hoy día, pues ello estaba ya predicho por Cristo Nuestro Señor para nuestros tiempos. En efecto, en su sermón escatológico, en cual habla del fin de los tiempos, dice claramente: “Surgirán numerosos falsos profetas, que arrastrarán a muchos al error”3.

Por tanto, queridos fieles, como decimos, no nos espantemos, sino que pongamos los medios para no formar parte de esos “muchos que son arrastrados al error”. ¿Cuáles? Primeramente, mucha, muchísima, humildad. Si no tenemos humildad, corremos serio riesgo de ser engañados y seducidos. Y a esto juntar mucha oración, para pedir a Dios luz. Y tener particular devoción por la Santísima Virgen María. Rezar diariamente su Santo Rosario. Quien reza a diario el Santo Rosario, no puede perecer, la Virgen Santísima María no lo permitirá jamás. Y a todo lo anterior juntar la huida del mundo, de todas las cosas mundanas: de las películas, series, novelas, redes sociales, etc., etc. Pues todas esas cosas nos debilitan espiritualmente y nos hacen presa fácil de los engaños de los seudo-profetas.

Roguemos, pues, a María Santísima que nos ilumine y ampare en estos tiempos.

Ave María Purísima. Padre Pío Vázquez.

3 S. Mateo 24,11.