5° Domingo después de Epifanía 2019

Conformidad con la Voluntad de Dios, Prédica 3.

(Domingo 3 de febrero de 2019) P. Altamira.

(Introducción)

Queridos hijos:
Domingo Quinto después de Epifanía. La Santa Iglesia Católica nos pone en consideración, para la Epístola, un fragmento de San Pablo, su Carta a los Colosenses (3,12-17). Dentro de “conformarnos con la Voluntad de Dios”, decíamos el domingo pasado que queríamos desarrollar temas que hacen a LA PAZ, LA PAZ DE DIOS, cómo hacer para tener paz, cómo hacer para ser personas que tienen la paz. Y hablando de “la paz de Dios”, y de aceptar los sufrimientos que la Providencia permite para nuestro bien, la Epístola de hoy nos dice:
“Fratres: Indúite vos… benignitatem, humilitatem, modestiam, patientiam: Hermanos: Revestíos… de benignidad, de humildad, de modestia, de paciencia”. Recuerden que la palabra “paciencia” viene –en latín- del verbo “padecer” (patior), y de allí “patientia” admite como traducción la cosa que uno padece o “padecimiento”. Entonces el sentido sería así: “Hermanos: Resvestíos… de benignidad, de humildad,… (revestíos) del sufrimiento”. Para poder tener paz, tenemos que saber aceptar el sufrimiento, “revestíos de la Cruz”, conformarnos con la Voluntad de Dios.

-Luego nos dice: “Super omnia autem haec, caritatem habete quod est vinculum perfectionis: Pero sobre todas estas cosas, tened Caridad (su primer sentido es “amor a Dios”) que es el vínculo de la santidad”. Allí figura la palabra perfectionis (o “perfectio”: perfección); ya lo dijimos alguna vez, ella se usa en los textos espirituales como total sinónimo de santidad. Entonces el sentido es: “tened amor a Dios o Caridad, que es el vínculo, la unión, de la santidad (lo que lleva a la santidad)”; máximo amor a Dios, máxima caridad, es santidad (lo enseñamos durante estos domingos).

-Y allí sí, inmediatamente a continuación, entra el tema de hoy, LA PAZ: “Et PAX CHRISTI exsúltet in córdibus vestris in qua et vocati estis…: Y LA PAZ DE CRISTO exulte en vuestros corazones, a la cual también habéis sido llamados…”, tener paz: hemos sido llamados a la paz, a la paz de Cristo, a tener la paz de Cristo1; cómo hacer, cómo hacer…
Veamos entonces, siguiendo a San Alfonso2, cómo hacer para tener paz (siempre será un resumen con algunas palabras nuestras).

1 En realidad, hay también otro fragmento de dicha Epístola que nos sirve para el tema que estamos tratando: “Omne quodcúmque fácitis in verbo aut in ópere, omnia in nómine Dómine Iesu Christe: Todo cuanto hagáis de palabra o de obra, todas las cosas (hacedlas) en nombre de Nuestro Señor Jesucristo”, hacer las cosas en su nombre es hacerlas según su Voluntad: Perfecta Conformidad.
2 “Preparación para la Muerte”, consideración 36.

(Cuerpo)

Pues bien, en este tan importante tema de LA CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS, creemos que para tener una visión orgánica, una visión “del todo” o de conjunto, conviene ver el esquema de exposición de San Alfonso, sus partes, y recordar dos palabras de lo ya enseñado, para después avanzar al punto final de la paz.
En su exposición, la primera parte corresponde –podemos decir- a conceptos generales sobre “La Conformidad con la Voluntad de Dios”. La segunda, trata sobre las cosas malas que nos ocurren y que tenemos que sufrir en esta vida. La tercera, está dedicada a LA PAZ DE DIOS, LA PAZ DE CRISTO, cómo hacer para tener esta paz.

Recordemos unos pocos conceptos generales de la primera parte:
Conformarse con la Voluntad de Dios… el único fin y deseo de los santos, en todas sus obras, ha sido el cumplimiento de la Voluntad de Dios, conformarse a ella. Santa Teresa dice que lo que ha de procurar quien se ejercita en la oración, es conformar su voluntad con la de Dios, y que en esto consiste la más encumbrada santidad. El cumplimiento de la Voluntad de Dios debe ser el norte y mira de nuestra oración: CONSEGUIR LA GRACIA DE HACER SIEMPRE LO QUE DIOS QUIERA DE NOSOTROS, que nuestra voluntad se conforme con Él en todas las cosas.
Nuestras obras, oraciones, penitencias, limosnas, Comuniones, en tanto pues agradan al Señor, en cuanto se conforman con su Divina Voluntad, pues de otra manera no serían virtuosas, sino viciosas. Sólo agradan a Dios las obras que se hacen en conformidad con su Voluntad.
Todas nuestras desventuras, la pérdida de paz, han procedido de no querer rendirnos a su Santa Voluntad, por aquellos días y ocasiones en que quisimos cumplir nuestro deseo, contradiciendo el querer o voluntad de Dios.

En segundo lugar, recordemos sólo algunos puntos de lo dicho sobre las cosas malas y adversas que nos ocurren:
Es menester conformarnos con la Voluntad Divina en todo lo que recibimos de ella. Esto incluye, sin duda, aceptar y conformarnos en las cosas adversas.
Dentro de ellas, tenemos no sólo las que recibimos directamente de Dios, como son las enfermedades, tribulaciones, desolaciones espirituales, oscuridades, pérdidas de parientes, de hacienda, el no poder realizar nuestros planes; sino también aquellas cosas que provienen sólo mediatamente de Dios, y que Él nos envía por medio de las acciones malas de los hombres, como el daño o daños hacia nuestras personas y bienes, deshonras, desprecios, y toda suerte de otros males. Adviértase que, en cuanto a lo anterior, Dios no quiere el pecado que comete quien nos daña, pero sí la humillación, el sufrimiento, la tribulación, en definitiva la Cruz, que de ello nos resulta. TODO CUANTO SUCEDE, ACAECE POR VOLUNTAD DIVINA. Todo, de Dios procede.
Pero las cosas adversas, si las aceptásemos como es debido, resignándonos a la Voluntad de Dios, YA NO SERÍAN PARA NOSOTROS MALES SINO BIENES. El santo Job, cuando supo que los sabeos le habían robado los bienes, no dijo: “El Señor me los dio y los sabeos me los quitaron”; él dijo: “El Señor me los dio, el Señor me los quitó, sea bendito el nombre del Señor: Dóminus dedit, Dóminus abstulit, sit nomen Dómini benedictum” (Job 1,21). Y el santo Job bendecía a Dios, porque sabía que todo sucede por su Voluntad. Todos los santos y mártires han entendido estas cosas:
PONER ESPECIAL CUIDADO EN CONFORMARSE SIEMPRE Y EN TODAS LAS COSAS CON LA SANTA VOLUNTAD DE DIOS.
Si queremos vivir en CONTINUA PAZ, procuremos unirnos en toda ocasión a la Voluntad Divina, y decir en todo lo que nos acaezca: “Señor: Hágase tu Voluntad”.

Por último, la parte tercera, la cual estaba pendiente: “LA PAZ DE DIOS, LA PAZ DE CRISTO”, cómo hacer para tener paz. Escuchemos:
El que está unido a la Voluntad de Dios disfruta, aun en este mundo, de ADMIRABLE Y CONTINUA PAZ. El alma se contenta con todo cuanto sucede, pues sólo quiere lo que Dios quiere, y nada acaece sino según lo que Dios dispone.
El alma resignada, dice Salviano el Massilensis (+451), si recibe humillaciones, quiere ser humillada; si la combate la pobreza, se complace en ser pobre; si recibe males, se resigna a estar bajo esos sufrimientos; en suma, quiere todo cuanto le sucede, Y POR ESO GOZA DE VIDA VENTUROSA Y TIENE GRAN PAZ INCLUSO EN ESTE MUNDO. Frío, calor, lluvia, viento, con todo se regocija, porque así lo quiere Dios. Si sufre pérdidas, persecuciones, enfermedades, y la misma muerte, quiere estar pobre perseguida enferma, quiere morir, porque así lo dispone Dios y todo es Voluntad Divina. El que así descansa en la Voluntad de Dios, se halla como si se hubiera sobre el firmamento y viera bajo sus pies furiosa tempestad sin recibir perturbación alguna.3
Dice la Sagrada Escritura: “el hombre santo se mantiene… como el sol, mientras el necio se muda como la luna: Homo sanctus [in sapientia] manet sicut sol: nam stultus sicut luna mutatur” (Eclesiástico 27,12).4 El santo, dice allí, “como el sol” se mantiene, con igualdad y constancia, ningún acontecimiento le priva de su estabilidad, de su tranquilidad, porque goza de paz, de una paz que es hija de su conformidad con la Voluntad de Dios. “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” dice también la Escritura Sacra (Lucas 2,14), y tenemos “buena voluntad” cuando ésta, la voluntad nuestra, se conforma con la de Dios, y así nos viene la paz.5

Con todo, las facultades de nuestra parte inferior, [afectos, apetitos, pasiones, y nuestra parte corporal], no dejarán de hacernos sentir algún dolor o afección, y hasta turbación en las cosas adversas. Pero en nuestra parte superior, en las facultades del alma, en nuestra voluntad unida a la Voluntad de Dios, podrá reinar profunda paz.
INDECIBLE LOCURA ES LA DE AQUELLOS QUE SE OPONEN A LA VOLUNTAD DE DIOS:
Lo que Dios quiere, ha de cumplirse indefectiblemente. “¿QUIÉN RESISTE A SU VOLUNTAD?: Voluntati enim eius quis resistit?” (Romanos 9,19). Esos desventurados que se empeñan en resistir a la Voluntad de Dios, tienen que llevar la Cruz por fuerza, sin poder evadirla, y la llevan sin fruto y sin paz. “¿QUIÉN LE RESISTIÓ Y TUVO PAZ?: Quis restitit ei, et pacem habuit?”, dice también el Libro del Santo Job (Job 9,4).6
Incluso los castigos que se reciben en esta vida no son para nuestra ruina sino para nuestra salvación, a fin de que nos enmendemos y podamos alcanzar la Vida Eterna. Escuchemos esta cita de la Sagrada Escritura, llena de sabiduría como siempre, en alusión a las cosas que nos toca padecer en esta vida terrenal: “26 Et nos ergo non ulciscamur nos pro his quæ patimur: 26 Y nosotros, por lo tanto, no nos impacientemos7 por aquellas cosas que padecemos, 27 sed reputantes peccatis nostris hæc ipsa supplicia minora esse: 27 sino reflexionando que estos mismos castigos son menores que nuestros pecados, flagella Domini, quibus quasi servi corripimur: los azotes de Dios, con los cuales como siervos somos corregidos, ad emendationem, et non ad perditionem nostram evenisse credamus: tengamos confianza que para nuestra enmienda y no para nuestra condenación (nos) han llegado” (Judith 8,26-27).

Dios no sólo desea nuestra salvación, sino que está solícito en procurárnosla (salmo 39,18: Dóminus solícitus est mei). Abandonémonos pues en manos de Dios, que Él jamás deja de atender a nuestro bien, incluso en las cosas que padecemos.8
Él se ocupa de mi bien, y yo no he de pensar más que en complacerle y unirme con mi voluntad a la suya. QUIEN ASÍ PROCEDA, TENDRÁ VIDA VENTUROSA Y LLENA DE PAZ.9
Y cuando nos suceda alguna adversidad, digamos enseguida “hágase así, Dios mío, porque así te agradó”, (Mateo 11,26) “Ita Pater: quoniam sic fuit placitum ante te.10 Dichosos si vivimos y morimos diciendo: Fiat voluntas tua: Hágase tu voluntad.

3 Ésta es aquella paz que supera a todas las cosas del mundo, “pax Deisi quieren: pax Christi-, quæ exuperat omnem sensum: la paz de Dios o la paz de Cristo, la cual supera todo conocimiento” (Fil 4,7).
4 El necio o pecador (“estulto” dice la Biblia) es mudable como la luna, que hoy crece y otros días mengua, hoy le vemos reír, mañana llorar, ora alegre y tranquilo, ora afligido y grandemente turbado o furioso, cambia y varía según las cosas que le suceden, y nunca tiene paz.
5 Santa María Magdalena de Pazzi no bien oía nombrar la palabra Voluntad de Dios, sentía consolación tan profunda, que se quedaba sumida en éxtasis de amor.
6 ¿Y qué otra cosa quiere Dios para nosotros sino nuestro bien? Él quiere nuestra salvación y que seamos santos, para hacernos felices en esta vida y bienaventurados en la otra. Las cruces que Dios nos envía cooperan para nuestro bien, “scimus autem quoniam diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum, iis qui secundum propositum vocati sunt sancti” (Romanos 8,28).
7 [literalmente dice: no nos venguemos; en el sentido –locura inaudita- de querer tomar un desquite contra Dios, o algo más suavemente de “enojarnos” con Dios]
8 ¿Y qué hacer con nuestras preocupaciones? “Omnem sollicitudinem vestram projicientes in eum, quoniam ipsi cura est de vobis: arrojando toda vuestra preocupación en Él, pues Él mismo cuida de vosotros” (I Pedro 5,7). “Piensa tú en mí –decía el Señor a Santa Catalina de Siena- que Yo pensaré en ti”. Digamos siempre como la Esposa en el Cantar de los Cantares (2,16): “Dilectus meus mihi, et ego illi: Mi amado para mí, y yo para mi amado”.
9 El que así lleva su vida y muere resignado a la Voluntad Divina, nos deja certeza moral de su salvación. Pero el que no vive unido a esta Voluntad, tampoco lo estará al morir, y no se salvará.
10. Intentemos no olvidar nunca la tercera petición del Padrenuestro: Fiat voluntas tua, sicut in coelo, et in terra.

(Conclusión)

Para terminar, una exclamación, una oración:
“¡Oh Jesús, Dios y Redentor mío! Disteis en la Cruz la vida para salvarme y redimirme, vuestros sufrimientos fueron por mí. No permitáis que mi alma haya de odiaros eternamente en el Infierno si ésta se condena, conseguid, al contrario, mi salvación.
Habéis querido que os amemos. Mas por mi parte, nada omití para ofenderos; deseo reparar todo ello.
Desde ahora, consagro toda mi vida en vuestro servicio. SEÑOR, DESEO DE CORAZÓN CUMPLIR SIEMPRE VUESTRA SANTA VOLUNTAD, ALCANZAR LA PERFECTA CONFORMIDAD CON ELLA.
Y en el momento final, en el culmen de este pasaje a la otra vida, haced, mi Señor, que yo acepte el tipo de muerte que Vos decidáis enviarme, que la abrace y la reciba en ese espíritu de conformidad. Quisiera poder morir diciendo: Fíat voluntas tua: Hágase tu Voluntad.
Todo el fundamento de la salvación y de la santidad de nuestras almas consiste en el amor a Vos, Dios Verdadero Jesucristo; esto es «la Caridad» en su sentido propio. Mas la perfección de la Caridad es la «santidad»; la santidad es la perfección del amor a Dios, del amor a Vos, es decir LA PERFECTA UNIÓN DE NUESTRA PROPIA VOLUNTAD CON LA VUESTRA, pues el principal efecto del amor, y con mayor razón si es del amor perfecto o santidad, ES UNIR DE TAL MODO LA VOLUNTAD DE LOS AMANTES, QUE YA NO TENGAN MÁS QUE UN SOLO CORAZÓN Y UNA SOLA VOLUNTAD. Sólo queremos eso, sólo os pedimos eso: UNIRNOS DE TAL MANERA A VOS, QUE SEAMOS UN SOLO CORAZÓN Y UNA SOLA VOLUNTAD. Quiera vuestra Benignidad, concedérnoslo”.

AVE MARÍA PURÍSIMA.