20° Domingo después de Pentecostés 2018

Fiesta de la Bienaventurada Virgen María del Rosario.

(Domingo 7 de octubre de 2018) P. Pío Vázquez.

(Introducción)

Queridos fieles:

Hoy estamos festejando la Solemnidad de Nuestra Señora del Rosario; fiesta que fue instituida por San Pío V, por la milagrosa victoria que los católicos obtuvieron contra los turcos, en Lepanto, por la mediación de la Santísima Virgen a través del rezo del Santísimo Rosario. La fiesta fue inicialmente llamada Nuestra Señora de las Victorias por San Pío V, mas posteriormente Gregorio XIII le cambió el nombre a Nuestra Señora del Rosario; y Clemente XI mandó se celebrase en toda la Iglesia.
Nuestro deseo hoy, evidentemente, es hablar sobre el Santísimo Rosario: Recordar su origen, decir algo sobre su excelencia, así como de su eficacia y de las promesas que lleva consigo, y qué o cómo hemos de hacer para que ellas recaigan sobre nosotros.

(Cuerpo 1: Origen del Rosario)

El Santo Rosario tiene como fundador a Santo Domingo de Guzmán, que fue quien dio inicio y fundó la Orden de Predicadores, más conocidos por el nombre de Dominicos. A éste, de hecho, le fue revelado el Santísimo Rosario por la misma Virgen María, en el año de 1214, cuando se hallaba en un bosque, cerca de Tolosa, haciendo mucha oración y penitencia para aplacar la cólera de Dios, pues él veía que los pecados y crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los herejes, particularmente de los albigenses, respecto a los cuales hacía un intenso apostolado para convertirlos, mas sin obtener fruto todavía. Duró tres días y tres noches así.

El Beato Alano de la Rupe nos narra este hecho; en efecto, nos dice que Nuestra Señora se aparece a Santo Domingo y le dice: “¿Sabes, querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo? (…) Sábete que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento; y, por tanto, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio”1.

La salutación angélica es el avemaría, que, precisamente, está compuesto por las palabras con que el Arcángel San Gabriel saludó a la Santísima Virgen. Y la Virgen llama Salterio al Rosario, porque el Rosario completo, es decir, todas las tres coronas o quince decenas, tiene tantas avemarías como salmos, esto es, 150; antes al Rosario, de hecho, se lo llamaba más comúnmente Salterio de la Virgen.
Fue a partir de esa revelación que Santo Domingo comenzó a predicar el Santo Rosario, obteniendo por medio de él muchos frutos de conversión, tanto de herejes —particularmente de los albigenses— como de pecadores.

Por obra suya se comenzaron a formar las Cofradías del Rosario, asociaciones —en las cuales podían entrar laicos y religiosos— donde los miembros se comprometían a rezar el Rosario entero, es decir, las quince decenas con sus correspondientes 150 avemarías, y según lo hicieran una vez al año, o una vez por semana, o todos los días, se dividía en tres clases: Rosario perpetuo, Rosario ordinario y Rosario cotidiano, respectivamente.

Estas cofradías se propagaron rápidamente, mas después de la muerte de Santo Domingo, se comenzaron a entibiar los hombres respecto a esta devoción, hasta que las cofradías del Rosario cayeron prácticamente en el olvido. Pero Dios restauró estas cofradías y el fervor de la gente por el Santo Rosario por medio de un hijo de Santo Domingo, el Beato Alano de la Rupe. Éste tuvo apariciones de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen y de Santo Domingo sobre la devoción al Santo Rosario, para que restaurara su práctica y las ya mencionadas cofradías del Rosario.

(Cuerpo 2: Excelencia del Rosario)

Si lo consideramos bien y lo meditamos, después del Santo Sacrificio de la Misa, la oración más poderosa que tenemos los católicos es el Santo Rosario. Y esto es así porque el Rosario está compuesto de las oraciones más excelentes y necesarias:

(1) Pues contiene el Credo, que es el símbolo de nuestra Fe. “Sin Fe es imposible agradar a Dios2 ”, pues es ella la que nos da nuestro primer contacto con Él. Por tanto, está muy bien puesto el Credo al inicio, pues nos ayuda a ponernos en la presencia de Dios y de los misterios que vamos a contemplar.
(2) Asimismo, en el Rosario se reza la oración dominical, esto es, el Padrenuestro, que es la oración más perfecta, como enseñan todos los santos y teólogos, pues ella fue compuesta por la misma Sabiduría Encarnada. Allí se halla todo lo que necesitamos y debemos pedir y en el orden mismo en que lo hemos de pedir.
(3) Y como la oración más recurrente o repetitiva está la salutación angélica, es decir, el avemaría, —oración también excelentísima— que es en su primera parte una alabanza a la Santísima Virgen: “llena eres de gracia”; “el Señor es contigo”; “bendita tú eres entre todas las mujeres”; “bendito es el fruto de tu vientre Jesús”. Y en su segunda parte es una súplica dirigida a esta gran Señora que estamos honrando, con la cual prácticamente le estamos pidiendo que nos salve: “Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.
Si la Virgen pide a su Hijo nos salve en la hora de nuestra muerte, entonces seremos salvos; pues nada le es negado a la Virgen. Y esta hermosa alabanza con su respetiva plegaria en el Rosario completo, es decir, de tres coronas, se dice 150 veces, como decíamos arriba.

1 El Secreto Admirable del Santísimo Rosario, San Luis María Grignion de Montfort.
2 Hebreos 11,6.

Otro de los motivos por el cual el Santo Rosario es una oración excelente, es porque a la oración vocal —que como vimos consta de las mejores plegarias: el padrenuestro y el avemaría— une la oración mental. En efecto, Santo Domingo enseñaba —como se lo enseño la Virgen a él— a meditar, durante la recitación de las oraciones vocales, en los misterios de la vida de Dios Nuestro Señor Jesucristo. Por esto, enunciamos los misterios siempre antes de empezar la decena, para traer a la memoria aquello que vamos a meditar o contemplar, y el Rosario meditado es la mejor manera, o una de las mejores maneras, de rezarlo.

(Cuerpo 3: Eficacia y Promesas del Rosario)

Por todo esto se comprende cuán eficaz sea el Rosario para obtener las gracias que necesitamos, particularmente la gracia de la salvación. Además, hay varias promesas hechas por la Santísima Virgen María al Beato Alano de la Rupe —suelen enumerarse 15—, para aquellos que sean verdaderos devotos del Rosario. Todas las cuales promesas podrían resumirse en la siguiente: Quien rece el Santo Rosario todos los días, salvará su alma.

Por esto, debemos rezar el Santo Rosario todos los días; ¡son sólo 30 minutos de un total de 24 horas que tiene el día!; ¿Tan poco se nos pide y no haremos el esfuerzo? ¿Cómo puede ser que uno pretenda ser un católico serio, un buen hijo de Dios y no tenga esto, el Santo Rosario, al frente de todas sus devociones y propósitos?

“Pero, Padre, no le veo mucho sentido… estoy hundido en vicios… sería de mi parte —creo— una hipocresía…”. Si uno pretende rezar el Rosario como es debido y, al mismo tiempo, a propósito y a consciencia mantenerse en sus pecados, sí sería una hipocresía; mas sería imposible, ello no podría durar mucho tiempo: o deja sus pecados o el Rosario; y si uno sinceramente reza el Rosario, poniendo en él como intención el salir de sus vicios y pecados, entonces, no solamente no hace mal, sino que saldrá, sin duda, de sus vicios; esto está, de hecho, en las promesas que recién decíamos.

Pero puede que alguien pregunte, ¿cómo saber si somos verdaderos devotos del Rosario, es decir, si lo estamos rezando bien, de manera que esas grandiosas promesas recaigan sobre nosotros? Podríamos decir tres cosas, por lo menos, para responder a esta pregunta:

(1) Primeramente, es necesaria la rectitud de intención, esto es, rezar el Rosario para agradar a Dios, por medio de la alabanza que se tributa a su Santísima Madre, la Virgen María, en esta hermosa oración.
(2) Junto y con la rectitud de intención debe ir unido el sincero deseo de rezarlo lo mejor posible, poniendo los medios para ello. Esto implica hacer un esfuerzo por concentrarnos, preferentemente en los misterios que meditamos, y, por supuesto, no distraernos voluntariamente y combatir enérgicamente todas las distracciones involuntarias, rechazándolas y volviendo a concentrar nuestras almas en la oración.
Y esto último no se ve afectado si sufrimos muchas arideces, sequedades y distracciones, ni siquiera si sentimos tedio al rezar el Santo Rosario, antes bien todo lo contrario; porque si, a pesar de todo ello seguimos adelante con el sincero deseo de agradar a Dios, así nos parezca un espanto nuestra oración y que no tiene sentido, ante Dios, sin embargo, es muy meritoria.
(3) Finalmente, es importantísima la perseverancia: rezarlo todos los días, a pesar, como recién decíamos, de las arideces, sequedades, distracciones, etc. “El que perseverare hasta el fin, ése será salvo”3, dice Nuestro Señor. La perseverancia es el punto más importante: No debemos abandonar esta devoción jamás, bajo ninguna excusa o pretexto; ello sería pernicioso y, sin duda, tentación del demonio.

3 San Mateo 24,13.

(Conclusión)

Para concluir, por tanto, simplemente queremos exhortarlos, queridos fieles, a que hagan el esfuerzo de rezar el Santo Rosario todos los días. Si lo hacen, salvarán sus almas. La Virgen María no permitirá jamás que un devoto suyo del Rosario se pierda; es más fácil que el sol deje de dar su luz antes que la Santísima Virgen abandone a uno de los suyos. Y si por flaqueza o descuido cayere en pecado, ella le dará la gracia de convertirse y levantarse de nuevo.

Aferrémonos, por tanto, al Santísimo Rosario, especialmente en estos tiempos de Apostasía y de mucha confusión.

Pidamos, pues, a la Santísima Virgen nos otorgue la gracia de amar su Santo Rosario y de rezarlo siempre, todos los días, hasta nuestra muerte.

Ave María Purísima. Padre Pío Vázquez.