Etiqueta: Sínodo Amazonía

1er Domingo de Adviento 2019

Sínodo de la Amazonía, Sacerdotes casados.

(Domingo 1 de diciembre de 2019) P. Pío Vázquez.

(Introducción)

Queridos fieles:

Nos hallamos ya en el Primer Domingo de Adviento. Tanto este domingo como el pasado, que fue el último después de Pentecostés, tenemos en el Evangelio el discurso escatológico de Dios Nuestro Señor Jesucristo, como les hicimos notar la pasada prédica. El texto del día de hoy corresponde al Evangelio de San Lucas; hace ocho días fue según San Mateo.
Y así, en estos dos domingos, suele predicarse sobre el fin de los tiempos. Por ello, hace ocho días optamos por predicar sobre los diversos cultos paganos e idolátricos a “la Pachamama” autorizados y realizados por Francisco en el Vaticano mismo con motivo del Sínodo de la Amazonía, ya que ello es un signo manifiesto de lo apocalíptico de los tiempos que nos han tocado vivir, que son tiempos de apostasía…

El día de hoy volveremos una vez más sobre el Sínodo de la Amazonía, concretamente sobre una de las resoluciones allí tomadas que ha ocasionado bastante revuelo, a saber, la aprobación de ordenar sacerdotes a personas casadas, contra la Tradición bimilenaria de la Iglesia Latina. Y así, en primer lugar, veremos el porqué del celibato, cuál es su razón de ser. En segundo lugar, veremos que el celibato eclesiástico se remonta a los inicios del cristianismo. Y, en tercer lugar, como consecuencia de los dos primeros puntos, veremos la gravedad de la medida tomada en el sínodo de acabar con el celibato.

(Cuerpo 1: Razón de ser del Celibato)

En primer lugar, pues, veamos el porqué del celibato, esto es, por qué razón la Iglesia Católica exige a sus ministros sagrados guardar castidad absoluta y se ha mostrado siempre muy celosa en guardar esta tradición con el correr de los siglos. La razón principal y fundamental de ello es porque el alma, por el celibato, se vuelve más apta para una mayor y más estrecha unión con Dios1 y porque implica una más perfecta imitación de Dios Nuestro Señor Jesucristo, que fue virgen, quiso nacer de Madre Virgen, y cuyo discípulo amado, San Juan, fue asimismo virgen —no olvidemos que el sacerdote es alter Christus, otro Cristo—. En efecto, se muestra bastante evidente que el alma, al guardar continencia absoluta —que acertadamente se llama virtud angelical—, se desapega en gran manera de la tierra y de las cosas terrenales, lo cual la habilita de suyo para darse en mayor grado y con mayor ahínco a las obras y ejercicios espirituales.
Por donde se ve que es un error —bastante común— pensar que la razón de ser del celibato es que el sacerdote “tenga más tiempo” o más “disponibilidad” —algo de ello hay, es verdad—; pero ésta no es la razón verdadera y fundamental, sino la que hemos dicho: una mayor y más estrecha unión con Dios, por la práctica de esta virtud de altísima perfección.

(Cuerpo 2: Origen del Celibato)

Ahora pasemos a ver que el celibato eclesiástico se remonta a los Apóstoles, esto es, a los orígenes mismos del cristianismo.
En efecto, los Apóstoles mismos practicaron el celibato, pues sabemos por Tradición que dejaron el trato con sus mujeres al haber abandonado todo para seguir a Dios Nuestro Señor Jesucristo; el Apóstol San Pablo también fue célibe, según él mismo nos lo hace saber en su Primera Carta a los Corintios2. Ahora bien, esta tradición apostólica se mantuvo y vino a adquirir forma de ley eclesiástica para el rito latino. La ley más antigua relativa al celibato, de que tenemos noticia, se remonta al año 300, esto es, a los comienzos del siglo IV, a un canon del sínodo de Elvira3, habido bajo el Papa Marcelino.

Asimismo, poseemos, como muestra de lo antiguo del celibato eclesiástico, una carta del Papa San Siricio4 a un tal Himerio, que era obispo de Tarragona, la cual escribiera, en el año 385, y en la cual le dice: “Todos los levitas y sacerdotes estamos obligados por la indisoluble ley de estas sanciones, es decir que desde el día de nuestra ordenación, consagramos nuestros corazones y cuerpos a la sobriedad y castidad…”
Bastante claro. Habla por sí solo. Y después en la misma carta, hablando de los que violan el celibato, dice: “En adelante, cualquier obispo, presbítero o diácono quecosa que no deseamos— fuere hallado tal [esto es que haya violado el celibato], sepa que ya desde ahora le queda por Nos cerrado todo camino de indulgencia…” Durísimo: “le queda cerrado todo camino de indulgencia”, es decir, aunque se arrepienta y obtenga el perdón de su pecado, no obstante, no podrá ejercer más las funciones sagradas del sacerdocio.
Por todo lo cual, vemos que cuando nos referimos o hablamos del celibato eclesiástico, estamos hablando de una Tradición de la Iglesia que tiene prácticamente 2000 años, que se remonta, en última instancia, a Dios Nuestro Señor Jesucristo mismo.

1 1 Cor. 7,32.
2 1 Cor. 7,8.
3 Denzinger-Hünermann, 119.
4 Papa de la Iglesia Católica de 384-399. Denzinger, 89.

(Cuerpo 3: Sínodo contra el Celibato)

Con todo lo dicho hasta ahora, podemos apreciar cómo la resolución del Sínodo de ordenar hombres casados no es una cuestión menor. En realidad es mucho más grave de lo que parece, pues se está yendo contra una Tradición bimilenaria de la Iglesia, que se remonta a Dios Nuestro Señor Jesucristo, como recién decíamos; una tradición de 2000 años solamente. En efecto, en el punto 111 del documento final del Sínodo, leemos lo siguiente: “(…) Proponemos establecer criterios y disposiciones de parte de la autoridad competente (…) de ordenar sacerdotes a hombres idóneos y reconocidos de la comunidad (…) pudiendo tener familia legítimamente constituida y estable…”5. Y la excusa, según el mismo documento, es porque hay varias zonas de la región amazónica en las cuales pasan meses o hasta años —dicen— sin que pueda llegar un sacerdote de nuevo a dar los sacramentos; es decir, la razón que aducen para introducir sacerdotes casados y acabar así con la tradición bimilenaria del celibato es, lisa y llanamente, la falta de sacerdotes. Ahora bien, en todas partes, y no sólo en el Amazonas, escasean las vocaciones, faltan sacerdotes. Hoy sufrimos en el mundo entero una terrible carencia de almas consagradas, de sacerdotes. ¡No hay casi almas generosas hoy día que respondan al llamado de Dios Nuestro Señor Jesucristo! Faltan sacerdotes… es una terrible realidad.

Por lo cual, no debemos sorprendernos si después aceptan esto de sacerdotes casados en otros lugares o en el resto de la (falsa) Iglesia. De hecho, si lo miramos bien, esto del Amazonas ha sido tan sólo la excusa para poder dar el primer paso para acabar con el celibato. Es más, la frase final del punto 111 recién mencionado, concluye así: “A este respecto [sobre ordenar hombres casados], algunos se pronunciaron por un abordaje universal del tema”6.

Ahora bien, debemos tener en cuenta que prácticamente todos los herejes han siempre abolido el celibato; no ha habido hereje que no fuera contra esta —podemos decir— nota característica y peculiar de la única Religión verdadera, de la Santa Iglesia Católica. Ella es la única que impone el celibato a sus ministros sagrados, asimismo como es la única que defiende la moral en toda su extensión y con todas sus implicancias en todo lo referente a la pureza: condenar sin más la anticoncepción, las relaciones prematrimoniales o las contra natura y todas las diversas perversiones que existen en torno a esta materia; en cambio, las falsas religiones en estos temas suelen ceder a los depravados deseos de la caída naturaleza humana. Y así es muy sintomático que Francisco con su Sínodo acabe con el celibato, siguiendo el camino de los heresiarcas.

5 http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es/documentos/documento-final-de-la-asamblea-especial-del-sinodo-de-los-obispo.pdf
6 Ibídem.

(Conclusión)

Concluyamos, pues, queridos fieles. Sin duda que los tiempos que vivimos son apocalípticos, pues ellos están marcados por la Apostasía.
Basta echar una mirada al mundo y a la falsa Iglesia del Concilio Vaticano II, que es una adulteración de nuestra Sacrosanta Religión, para poder darnos cuenta de esta tremenda realidad, de la Gran Apostasía que vivimos: que en el Vaticano mismo, con la autorización y aprobación del “supuesto Papa”, de Francisco, en su presencia, se halla dado culto a un dios pagano, al falso dios de la Pachamama, según veíamos la prédica pasada y recordamos al inicio de esta prédica; y ¡ahora tener curas casados, contra la práctica de siempre de la Iglesia! ¿Es que necesitamos algo más para darnos cuenta de que estamos sumergidos en la Apostasía profetizada por la Sagrada Escritura?

Recordemos que la Apostasía, la Gran Apostasía, está anunciada en San Pablo en su Segunda Epístola a los Tesalonicenses, y que Nuestro Señor mismo en el Evangelio nos dice “¿Cuando el Hijo del Hombre vuelva, hallará Fe sobre la tierra?”; y que el Apocalipsis profetiza que la práctica totalidad de los hombres adorarán a la Bestia, esto es, al Anticristo, como vimos en la prédica pasada. Todo lo cual es señal de la proximidad de la Parusía de Dios Nuestro Señor Jesucristo.
Por lo cual, deseamos terminar esta prédica con una pequeña súplica:
Ven, Señor, Jesús. Apresurad vuestro glorioso Retorno, Señor y Dios Nuestro, pues desfallecemos. Y vos, Virgen Santísima, asimismo rogad por nosotros para que perseveremos y para que vuestro Hijo Bendito venga pronto a solucionar los males terribles que padecemos.

Ave María Purísima. Padre Pío Vázquez.