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11° Domingo después de Pentecostés 2015

Sermón que corresponde al tema de nuestra futura resurrección.

(Domingo 9 de agosto de 2015) P. Altamira.

(ICor 15, 1-10) 1

(Introducción)

Tercer domingo consecutivo con la Primera Carta a los Corintios. El fragmento de hoy corresponde al tema de nuestra futura resurrección: algunos de ellos dudaban de la futura inmortalidad de nuestros cuerpos.

En ese contexto, un punto importante a aclarar es que Nuestro Señor mismo haya resucitado –dogma importantísimo de nuestra Fe Católica-; y si bien este capítulo terminará concluyendo que nosotros hemos de resucitar como Cristo resucitó, los versículos elegidos para la Misa de hoy, tratan de sólo del comienzo de la argumentación de San Pablo: La Resurrección de Nuestro Señor.

(Cuerpo: Comentario del texto)

Les empieza diciendo: (1) Hago patente a vosotros, hermanos, el Evangelio que os he predicado, que habéis recibido, en el cual estáis, (2) (y) por el cual sois salvados; por esta razón os he predicado. Si lo mantenéis (seréis salvados), a no ser que hayáis creído en vano.

¿Qué les quiere decir? Quiere decir: “Quiero hacer patente ante vosotros el Evangelio que YA ANTES os había enseñado”, “no inventaré nada nuevo, sino que les recordaré lo que yo (San Pablo) les había enseñado y vosotros habéis olvidado”.

“Su Evangelio” es por supuesto toda la Doctrina Católica, pero les insistirá en el punto de la Resurrección.
Y nosotros en esta prédica nos quedaremos con lo que es el trasfondo de lo que debe hacer un sacerdote: No inventar el Catolicismo, sino ser un fiel transmisor, sin cambiarlo ni falsificarlo.

(3) Os he transmitido lo que recibí (Tradidi quod et accepi). Hace alusión a la Sagrada Escritura, o Revelación Escrita. Y hace alusión a la Tradición –con mayúscula- de la Iglesia, o lo que es lo mismo: A la Revelación Oral, las verdades de Fe, las verdades de Dios, que nos han sido dadas oralmente. Y este es uno de los lemas de Mons. Lefebvre (está grabado en su tumba). Y debería ser el lema de todo católico: No inventar nada, transmitir lo que hemos recibido: Tradición.

Y entre el cúmulo de verdades que San Pablo recibió, aquí hará alusión a la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor: (3) Os he transmitido lo que recibí (¿qué cosa?): Que Cristo murió por nuestros pecados según (estaba dicho en) las Escrituras; /////// (4) que fue sepultado; /////// que resucitó al tercer día según (estaba dicho en) las Escrituras.

“Os he transmitido lo que recibí” ¿cuándo y cómo lo recibió?
(1) En Damasco, luego de su conversión, aprende de Ananías quien lo había bautizado y de otros discípulos (Actas cap. 9).
(2) Durante los dos años siguientes, al hacer esa vida solitaria en el desierto, aprende del mismo Cristo como él lo dice, y sin duda que ésta es la enseñanza que le da más autoridad: dice en Gálatas: (1,11-12) Os hago saber que el Evangelio predicado por mí no es de hombre. Pues yo no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
(3) Después se va a Jerusalén y está con San Pedro y Santiago durante 15 días.
(4) Catorce años más tarde vuelve a Jerusalén para confrontar con la doctrina de Santiago, Pedro y Juan (“que eran tenidos por columnas de la Iglesia”). Los temas: el discutido punto de la circuncisión y su apostolado entre los gentiles2.
(5) No olvidemos también su posible conocimiento por ciencia infusa cuando fue arrebatado al “tercer cielo”3. Según algunos esto fue antes del viaje a Jerusalén que recién nombrábamos4; tal vez –y casualmente- 14 años antes. Veamos su arrebato: (II Corintios, cap 12, 1ss) “1 Teniendo en qué gloriarme, aunque no sea cosa conveniente, vendré ahora a las visiones y revelaciones del Señor. 2 Conozco a un hombre en Cristo, que 14 años ha –si en el cuerpo, no lo sé, si fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3 Y sé que el tal hombre –si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- 4 fue arrebatado al Paraíso y oyó palabras inefables que no es dado al hombre expresar”.

Volviendo al texto de hoy, San Pablo hará alusión a apariciones de Cristo resucitado:
Luego de resucitado (5) fue visto por Cefas (es decir: San Pedro) y luego por los once (el Colegio Apostólico), (6) después fue visto por más de 500 hermanos al mismo tiempo… (nota: según algunos esta aparición sería la ocurrida en ese monte de Galilea al cual les había ordenado ir para verle: “allí le veréis” dijeron los ángeles5), (7) después fue visto por Santiago y después por todos los apóstoles; (8) al último de todos, como a abortivo, se me apareció a mí.

1 Los textos de la Sagrada Escritura pueden estar parafraseados.
2 Gálatas 2,9.
3 Capítulo 12 de II Corintios.
4 Esta es la opinión del Obispo Scío de San Miguel y remite al episodio de Actas 13,2, cuando San Pablo junto con Bernabé se preparan para el primer viaje de apostolado entre los paganos o gentiles.
5 Mateo 28, versículos 7 y 16.

En esto último que dice, la aparición a sí mismo, está incluido un punto interesante: el “título” según el cual él es y se puede llamar “apóstol” era necesario ser testigo presencial de Cristo resucitado.

Fíjense que cuando tienen que buscar un reemplazante de Judas Iscariote, que se había suicidado, la condición es que el elegido sea – de entre los discípulos que estaban desde el principio- uno que haya sido testigo de la Resurrección de Nuestro Señor6. Entre los candidatos escogen a dos: José Barsabás y Matías. Y el elegido es Matías, el apóstol San Matías.

Esta condición, haber visto a Cristo resucitado es cumplida por San Pablo. Dirá un poco antes en esta misma carta: (9,1) ¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Nuestro Señor Jesucristo?

Según algunos enseñan: Dos veces por lo menos ha visto a Cristo resucitado y parece el único de los apóstoles a quien se le aparece luego de subir a los Cielos (o tal vez probablemente también a San Pedro en Roma7: El famoso tema del Quo Vadis, Dómine?).
En cuanto a San Pablo: La primera vez que se le apareció Cristo, fue en el camino a Damasco cuando lo derribó del caballo (Actas cap. 9). Y la segunda parece en Jerusalén cuando fue destinado a su apostolado entre los paganos (así opina Mons. Felipe Scío de San Miguel, obispo de Segovia, Siglo XIX, en su Biblia comentada)8.
Tal vez hubo otras apariciones cuando recibió su Evangelio en el desierto “no por hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo”, como decíamos más arriba. Tal vez también cuando fue arrebatado al tercer cielo.

Sin avanzar más en el comentario del texto, queríamos insistir en un punto que es muy importante para lo que vivimos hoy:

TRADIDI QUOD ET ACCEPI: HE TRANSMITIDO LO QUE RECIBÍ: Éste era uno de los lemas de Mons. Lefebvre y fundamento de toda la lucha que realizó él y que debemos realizar nosotros dentro de la Iglesia: No inventar nada, mantener lo que siempre fue, el Dogma y la Moral, la verdadera Misa, los Sacramentos como siempre han sido: Transmitir intacto el Catolicismo.
Dogma y Moral, los cuales no cambian, los cuales no pueden cambiar. Y aquellos otros temas que se les relacionan y en los cuales tampoco hay que cambiar: El latín en la liturgia, el Canto Gregoriano, el uso de la sotana, etc.
Pero sobre todo: Transmitir intacta la Doctrina Católica que hemos recibido de los mayores, de nuestros mayores.

HE TRANSMITIDO LO QUE RECIBÍ. Eso deberíamos poder decir los sacerdotes al final de nuestras vidas.
Y también ustedes, los laicos, deben estar en condiciones de decir eso al final de sus vidas. “Transmití lo que recibí”: En lo que transmitieron a sus hijos, a sus nietos, a algún familiar, a algún amigo.

TRADIDI QUOD ET ACCEPI nos dijeron nuestros mayores y nosotros tenemos la obligación de cuidar lo que ellos nos dieron:
La obligación de defender y propagar la Fe Católica corresponde “por oficio” a los sacerdotes. Pero en épocas en que la integridad de la Fe peligra (la crisis del Concilio Vaticano II, la Religión Conciliar, la falsa iglesia que han creado con él), todo católico por el simple hecho de ser tal, por su Bautismo y por su Confirmación, tiene la obligación de defender el Catolicismo, la Fe, y propagarla.

Saber decir NO, a las herejías del Modernismo triunfante desde el Concilio Vaticano II. No a ese Concilio.
No a la misa moderna: De tendencia protestante, oculta (si es que no niega) el Sacrificio de la Cruz, toma la noción protestante de la Cena del Señor y del Memorial, desacraliza, es un rito no católico que no agrada a Dios.
Saber decir NO al ecumenismo: No se puede andar mezclando la Religión Verdadera, el Catolicismo, con las falsas, la Verdad con el error, lo bueno con lo malo, lo que salva con lo que no salva. Un católico deberá tratar de convertir a las personas que están en las falsas religiones, pero no andar mezclando las religiones. Y en esa mezcla de religiones tenemos: Asís I y Asís II de Juan Pablo II. Asís III de Benedicto. Y esto de andar mezclando las religiones, creemos, será la base con la cual formarán la Religión Mundial, para el Gobierno Mundial del Anticristo.
Entre paréntesis: Alguien que esté en una falsa religión eventualmente se puede llegar a salvar A PESAR de su falsa religión y nunca GRACIAS A su falsa religión. ¿En qué supuesto? En el supuesto de que esté allí por un error inculpable.9

6 Actas 1,15ss.
7 Quo vadis Domine?
8 Opinión de Scío en I Cor 9,1.
9 También: No al supuesto derecho a la libertad religiosa: Es un absurdo: Sólo la verdad tiene derechos –es de sentido común-: El error, lo malo, no tienen ningún derecho. El “derecho” es para lo bueno y para lo verdadero. Cuanto mucho si no hay otra solución, al error (una falsa religión, etc) habrá que tolerarlo, pero jamás decir que tiene “derechos” o ponerlo en igualdad de condiciones con la Verdad, como si diera lo mismo.

(Conclusión)

Mantengamos la Doctrina Católica en su integridad. Debemos “sustinere”, soportar, aguantar, hasta el desenlace de esta crisis que parece ser la última, de modo tal que en nuestro final (i.e. en nuestra propia muerte) o cuando venga Cristo podamos oír de Nuestro Señor aquellas tan hermosas palabras:
Euge serve bone et fidelis, quia in pauca fuisti fidelis supra multa te constituam, intra in gaudium Domini tui: Bien hecho, siervo bueno y fiel: Porque has sido fiel en lo poco, Yo te confiaré lo mucho: Entra en “el Gozo de tu Señor”.

AVE MARÍA PURÍSIMA.