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9° Domingo después de Pentecostés 2018

Aborto en Argentina.

(Domingo 22 de julio de 2018) P. Pío Vázquez.

(Introducción)

Queridos fieles:

Hoy es el domingo que corresponde al noveno después de Pentecostés. Sin embargo, hoy volveremos nuestra atención sobre Argentina, sobre el aborto que allí se quiere implementar como “ley” (!), para pedirles de nuevo que recen, que pidan a Dios Nuestro Señor Jesucristo no sea aprobada esta aberración —que no merece otro nombre—. Relacionaremos, asimismo, la Epístola del día de hoy con este tema.

(Cuerpo 1: Estado de Cosas)

Recordemos, primero, un poco lo ocurrido: El 14 de junio, como es sabido, se sometió a votación en la Cámara de Diputados, en Argentina, un proyecto de ley para despenalizar el aborto, llamado Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE, por sus siglas) —un eufemismo, como siempre—; y dicho proyecto de “ley” recibió la mayoría de los votos, por una diferencia de tan sólo 4 votos —129 a favor, 125 en contra—, después de haberse prolongado la votación unas 23 horas.

Este infame proyecto propone lo siguiente:
a) Que toda mujer tiene derecho a abortar —esto es, a matar su propio hijo— dentro de las 14 primeras semanas de gestación.
b) Que tiene derecho a abortar más allá de las 14 primeras semanas en los siguientes casos: 1) si el embarazo es producto de una violación; 2) si está en riesgo la vida o salud física, psíquica o social de la mujer; y 3) si existen malformaciones fetales graves.
c) Además, se establece allí que, si adolescentes de 13 a 16 años de edad quieren realizar un aborto, se presume que cuentan con la “aptitud y madurez suficiente” para practicarlo y prestar el debido consentimiento; o, lo que es lo mismo, que pueden hacerlo sin el consentimiento de sus padres.

Lo único que falta para que esto sea —entre comillas— “ley”, es que sea aprobado en la Cámara de Senadores. Está prevista esa votación para el día 8 de agosto del presente año.

(Cuerpo 2: Aborto Intrínsecamente Malo)

Toda esta introducción ha sido para que recordemos y adquiramos conciencia de lo que está pasando en Argentina; lo cual nos incumbe, porque lo que allí está ocurriendo, ocurrirá también en los demás países; vendrá también a Colombia, pues esto es parte de la agenda de la ONU, de la Masonería, en definitiva, del Gobierno Mundial, por esto estas cosas están ocurriendo en todos nuestros países.
Es cierto que aquí, en Colombia, ya está aprobado el aborto, desde el 2006, bajo ciertas causales, “las típicas”: por violación, riesgo de salud, etc. Pero, sin embargo, los que traman todas estas cosas quieren más, quieren mayor “legalidad”. Por esto, el mismo proyecto de ley que quieren hacer pasar en Argentina llegará aquí, tarde o temprano.

Y ahora, respecto a lo ocurrido en Argentina, y no sólo en Argentina sino también en tantos lugares del mundo de hoy, digamos lo siguiente:
(1) Primeramente, esto es un gravísimo agravio contra Dios Nuestro Señor Jesucristo. Pues es un insulto hacia Él el que se pretenda siquiera someter a votación algo que es intrínsecamente malo, como lo es matar a los propios hijos dentro del vientre materno; es como si pretendieran someter a votación si mentir es bueno o malo…
(2) Además, la verdad y el bien no dependen del número. Si la mayoría de los hombres pensara que 2+2=5, lo siento, están equivocados, aunque tengan mayoría, pues la naturaleza de las cosas no depende de lo que piense u opine la gente o de si son muchos o pocos los que lo piensen. Y así, aunque el aborto obtuviera la mayoría en el Senado; aunque obtuviera la aprobación de todos los argentinos: no sería nunca ley, porque toda verdadera ley sigue necesariamente a la verdad y al bien: Si algo es contra la verdad o el bien no puede ser ley… sentido común.

Por esto, el aborto o la “interrupción voluntaria del embarazo”, —como ahora le llaman para que no suene tan feo—, no puede nunca ser ley, porque es una acción intrínsecamente mala, pues es en sí mismo malo matar o quitar la vida a un inocente, con los agravantes, en el caso del aborto, de que se trata de una víctima indefensa —el niño no puede hacer nada para protegerse—, y de que se le priva, no sólo de la posibilidad de la vida natural —pues ni se le da la oportunidad de vivir—, sino también de la posibilidad de la vida sobrenatural —por la imposibilidad de recibir el Bautismo—.

(Cuerpo 3: Castigos Colectivos)

Y así, por lo que venimos diciendo, se ve claramente la gravedad de todo este asunto: El gravísimo pecado que es el aborto. Y no olvidemos que hay algunos pecados que, por su especial malicia y repugnancia contra el orden social, claman al cielo, provocando la ira de Dios y exigiendo de Él un castigo, un castigo colectivo; tal fue el caso de las ciudades de Sodoma y Gomorra, por ejemplo.

Suelen enumerarse cuatro pecados de este tipo, es decir, que claman al cielo, a saber: el homicidio voluntario, la sodomía, la opresión de los pobres, viudas y huérfanos y la defraudación del salario al trabajador. El primero es el que nos interesa hoy, el homicidio voluntario, pues recordamos que el aborto es el asesinato del propio hijo, de una persona humana en vía de formación.
Por tanto, habiendo tanto aborto, tantos asesinatos de niños por sus propias madres en nuestros países, ¿qué castigos, Dios mío, no mereceremos?; y es de temer que sobre Argentina pudiera Dios descargar algún castigo si esta “ley” —de nuevo entre comillas— es aprobada, porque ella daría pie a multitud de abortos que estarían amparados por el Estado (!).
Y sobre esto de los castigos colectivos habla la Epístola de hoy, en la cual San Pablo narra una serie de castigos colectivos que Dios descargó sobre los hijos de Israel en el Antiguo Testamento; en efecto, dice:

“Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y murieron en un día veintitrés mil. Ni tentemos a Cristo como algunos de ellos lo tentaron y murieron por las serpientes. Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron por el exterminador”.

Y todos estos castigos, nos dice San Pablo, son figura de los que podemos recibir nosotros de Dios, esto es, son muestra de que Dios también nos puede castigar a nosotros, a nuestras naciones, por los terribles pecados que hay en ellas, pues dice San Pablo: “todas estas cosas les ocurría en figura, pues han sido escritas para nuestro escarmiento”.

(Conclusión: Oración y Sacrificio)

Queridos fieles, como decíamos al inicio, la “votación” en el Senado será el 8 de agosto, esto es: en 17 días. El 1º de julio, fiesta de la Preciosísima Sangre de Dios Nuestro Señor Jesucristo, habíamos hecho un pedido de oración y sacrificio para impetrar de Dios la gracia de que esta abominación no fuese aprobada. Cuando este pedido fue hecho había un mes y una semana de tiempo… ahora prácticamente sólo quedan dos semanas.

Les habíamos pedido las siguientes cosas por el lapso de ese mes y una semana:
1) Que quien no rezara el Santo Rosario —como todo buen católico debería hacerlo— hiciera una promesa a la Santísima Virgen de rezarlo todos los días hasta el 8 de agosto.
1 bis) Que quien ya lo rezara a diario, agregara uno más: esto es, que rezara dos rosarios diarios por esta intención, y que lo hiciera también bajo promesa a la Virgen.
2) Que agregaran antes o después de dicho Rosario la “Consagración de la Patria al Inmaculado Corazón de María”, que hoy rezaremos, de hecho, después de la Misa.
3) Que la Adoración del Santísimo Sacramento, que realizamos —Dios mediante— todos los viernes, se ampliaría e iniciaría desde las 2 PM de la tarde, con esta intención de que no se apruebe el aborto. Quedan tan sólo dos viernes antes de la votación. Los exhortamos, por tanto, a que asistan a la Adoración, a que vengan a unir sus oraciones a las nuestras por Argentina, por la intención antedicha.
4) Que ofrecieran por la misma intención, cuando vinieran a Misa, la Santa Comunión —que tiene un valor y eficacia infinitos—, intentando tener la máxima Fe posible.
5) Que realizaran, a su buena voluntad y libre elección, un sacrificio diario.

Como decíamos, cuando se les hizo este pedido había un mes y una semana… ahora sólo quedan 17 días. Por esto, si alguno de ustedes no ha puesto esto por obra, si no ha hecho el esfuerzo de hacer algunas de las cosas que hemos pedido —particularmente, el rezo del Rosario y los sacrificios diarios—, le pedimos, por amor a Cristo, que en estas dos semanas que quedan, que sí las haga, que haga el esfuerzo de realizarlas en este pequeño lapso de tiempo que queda.

Recordemos, para concluir, que para Dios nada hay imposible, y Él bien puede frustrar ese abominable proyecto. Por tanto, roguemos a Dios, por intercesión de la Santísima Virgen María, que es Madre de todos esos pobres niños en vía de gestación que quieren asesinar, que proteja a la Argentina.

Ave María Purísima. P. Pío Vázquez.